TDAH en adultos: Qué es realmente y por qué nadie te lo explica así

El TDAH en adultos muchas veces significa convivir con un Superhéroe y Supervillano en el mismo cuerpo

El TDAH en adultos existe. Pero casi todo lo que encuentras sobre él en internet está escrito por alguien que nunca lo ha vivido desde dentro. Y eso se nota.

Soy psicólogo general sanitario y sexólogo. Tengo rasgos de TDAH. No es un trastorno severo que me incapacite, pero mi cuadro encaja más con eso que con cualquier otra cosa del DSM. Lo sé porque llevo años investigando, trabajando con personas que lo tienen y reconociendo en mis propios patrones de funcionamiento lo que muchos de mis consultantes describen con alivio cuando les digo: «Sí, a mí también me pasa.»

Esa doble perspectiva (clínica y vivencial) es exactamente lo que falta en la mayoría de los artículos médicos sobre este tema. Puedes leer a Mayo Clinic o al CDC y salir con una lista de síntomas perfectamente ordenada. Lo que no te van a dar es la respuesta a por qué llevas años sintiéndote roto cuando en realidad simplemente te han estado explicando mal cómo funciona tu cerebro.

Este artículo está pensado para eso.

Qué es el TDAH en adultos (más allá del manual)

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es, según el DSM, un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo. Eso es la definición clínica. Está bien, es correcta y no te va a servir de mucho si estás intentando entender por qué no puedes terminar una tarea sin que tu cabeza se vaya a tres sitios a la vez.

El problema con la definición manual es que se construyó principalmente observando a niños. Durante décadas, el TDAH se consideró casi exclusivamente un trastorno de la infancia y se asumía que muchos casos se «curaban» o se atenuaban al llegar a la adolescencia. Hoy sabemos que no es así: los estudios de seguimiento muestran que entre un 35% y un 65% de los niños con TDAH siguen presentando síntomas significativos en la vida adulta, según cómo se defina la «persistencia» del trastorno.

Pero hay algo más importante que eso: cada vez existe más evidencia de que el TDAH no funciona como un interruptor «lo tienes o no lo tienes», sino como un espectro de rasgos que se distribuyen en la población. Hay personas con diagnóstico formal, hay personas con rasgos claros que no llegan al umbral diagnóstico y hay personas que han desarrollado estrategias compensatorias tan efectivas que han ocultado sus dificultades durante décadas. A veces hasta de sí mismas.

Diferencias entre el TDAH infantil y el TDAH adulto

En un niño, el TDAH suele ser bastante visible: se levanta cuando no debe, interrumpe constantemente, no puede estar quieto. La hiperactividad motriz es llamativa.

En un adulto, esa energía se ha interiorizado. El cuerpo puede estar sentado, pero la cabeza no para. La hiperactividad se convierte en un torbellino mental constante: mil ideas a la vez, dificultad para cerrar pensamientos, saltar de tema en tema en mitad de una conversación (o de un proyecto). Lo que en un niño era correr por el aula, en un adulto es abrir diez pestañas del navegador sin terminar ninguna, olvidar para qué la había abierto o esperando «terminar» con lo que está haciendo para «seguir» con esa idea luego.

Los síntomas también cambian en su expresión social. Un adulto con TDAH no diagnosticado puede parecer desorganizado, irresponsable o «poco comprometido» cuando en realidad está gestionando una carga cognitiva, una carga mental, que la mayoría de personas no experimenta. Las consecuencias emocionales acumuladas (ansiedad, baja autoestima, sensación de fracaso, autosaboteo, que «no llega» o «llega tarde» a sus objetivos) son frecuentemente más pesadas que el propio TDAH.

¿Cuál es entonces el enfoque actual?: Espectro y rasgos, nada de «blanco» o «negro»

Uno de los cambios conceptuales más importantes de los últimos años es dejar de pensar en el TDAH como algo que «se tiene» o «no se tiene». La neurociencia moderna apunta a que los rasgos asociados al TDAH (dificultades ejecutivas, sensibilidad dopaminérgica, procesamiento emocional más intenso, tendencia a la búsqueda de novedad) se distribuyen a lo largo de un continuo.

Esto tiene implicaciones prácticas enormes. Significa que hay personas que se beneficiarían mucho de entender cómo funciona este tipo de cerebro y de ajustar sus estrategias en consecuencia, aunque nunca hayan tenido ni vayan a tener un diagnóstico formal. Y significa también que el diagnóstico, cuando es relevante, no debería ser ni una etiqueta que lo explica todo ni una sentencia que determina lo que puedes o no puedes hacer.

Síntomas reales del TDAH adulto (los que no siempre aparecen en Google)

Los síntomas «de manual» son fáciles de encontrar: inatención, hiperactividad, impulsividad… Correcto. Pero hay dimensiones del TDAH en adultos que rara vez se describen con la precisión que merecen y que son exactamente las que generan más confusión y sufrimiento.

Caos mental y dificultad para priorizar

Este es, en mi experiencia trabajando con personas adultas con TDAH, el síntoma más incapacitante y el menos discutido. No es que la persona no sepa que tiene cosas que hacer. Es que tiene cuarenta cosas que hacer y su cerebro las trata todas con la misma urgencia o con más urgencia conforme van apareciendo. Todo parece igual de importante. O nada parece suficientemente urgente como para empezar ahora.

El resultado casi siempre es parálisis. O lo que parece parálisis desde fuera. Pero desde dentro en realidad se vive como un zumbido constante de pensamientos en bucle, problemas sin resolución o preocupaciones emergentes.

Cuando le pregunto a alguien con TDAH cómo es un día normal para él o ella, la respuesta más frecuente es algo parecido a: «Depende, por ejemplo, el Lunes…» y comienzan a hablar de tareas particulares, sin hábitos o rutinas sino como alguien que se dedica a ir apagando fuegos uno tras otro a lo largo del día. Se levantan y lo que les pone en movimiento no es un plan, sino un estímulo externo: una notificación, una urgencia, el estrés de llegar tarde a algo. El día va de fuego en fuego y al final de la jornada la sensación es de haber estado muy ocupados sin haber avanzado en lo que realmente les importaba (o muy muy poco).

La agenda (ese consejo que se da casi automáticamente) no funciona si antes no se ha trabajado la priorización. Una persona con TDAH puede abrir Google Calendar, llenarlo de tareas y seguir sin saber por cuál empezar. El problema no es la herramienta. Es que nadie le ha enseñado a jerarquizar.

Hiperfoco y agotamiento dopaminérgico

El hiperfoco es uno de los aspectos más paradójicos del TDAH y uno de los que genera más incomprensión. Si el TDAH es un problema de atención, ¿cómo es posible que alguien pueda estar seis horas seguidas trabajando en algo que le apasiona sin levantarse ni a beber agua?

La respuesta tiene que ver con la dopamina. El cerebro TDAH no tiene déficit de atención en general, tiene dificultad para regular la atención según el interés, la novedad o la urgencia percibida. Cuando algo activa suficientemente el sistema dopaminérgico (porque es nuevo, porque es urgente, porque es apasionante), la capacidad de foco puede ser extraordinaria. El problema viene después.

Ese hiperfoco sostenido tiene un coste. La caída dopaminérgica posterior puede traducirse en agotamiento, irritabilidad, dificultad para retomar tareas rutinarias, o esa sensación de malestar generalizado que muchos de mis consultantes describen sin saber nombrar. Es el precio del pico. Y sin entenderlo, es muy fácil confundirlo con depresión, con pereza, o con «no tener fuerza de voluntad».

He trabajado con varios empresarios que cobran muy bien, que tienen ideas brillantes y que se sienten fatal en esas fases de bajada. El patrón es casi siempre el mismo: hiperfoco intenso en un proyecto nuevo, resultado extraordinario y luego una caída que no comprenden y que interpretan como un fracaso personal. Cuando en realidad es fisiología.

Improvisación constante y sensación de ir siempre tarde

Un día típico con TDAH adulto no empieza con un café tranquilo y una revisión de la agenda. Empieza con el primer estresor que activa el sistema. Puede ser el móvil, puede ser el ruido del tráfico, puede ser recordar de golpe que tenían que entregar algo. Lo que sea que genere suficiente presión como para arrancar.

El desayuno se come rápido o no se come. Se llega corriendo a donde haya que llegar. Si se trabaja online, se abre el ordenador y se empieza por lo que parece más urgente en ese momento, no necesariamente por lo más importante. Y así todo el día.

Esto no es falta de motivación. Es que el cerebro TDAH necesita señales externas de urgencia para activarse. Sin esa señal, el movimiento no arranca. La consecuencia de esto, para quienes no lo entienden, es que la persona parece irresponsable o impredecible. Para quien lo vive, es agotador.

Por qué muchos tratamientos no funcionan (y generan frustración)

Aquí es donde tengo que ser directo, con todo el respeto a los colegas de profesión: hay un problema serio en cómo se aborda el TDAH en adultos desde muchas consultas psicológicas. Y ese problema tiene consecuencias reales en personas reales que vienen a mí después de años de terapia sin resultados.

El error más común no es de mala fe. Es simplemente que no lo han vivido y carecen de esa perspectiva. La «empatía» se puede simular hasta cierto punto. Por eso mismo muchos/as compañeros/as viran su perspectiva terapéutica cuando pierden un familiar, son padres/madres o se han divorciado. Ciertas experiencias abren los ojos a detalles que otras personas, al no haberlas vivido, no ven tan fácilmente.

El error de «habla más lento»

He escuchado esto en consulta más veces de las que puedo contar. El consultante llega, explica sus problemas a una velocidad que refleja exactamente cómo funciona su cabeza y el profesional le dice: «Intenta hablar más lento», «Vamos a ordenar tus ideas» o «Piensa unos segundos antes de hablar».

Entiéndase la lógica: si la persona va muy rápido, ralentizarla parece una solución razonable. El problema es que eso no es un síntoma, es el mecanismo. La velocidad no es el problema. Es la forma en que ese cerebro procesa y exterioriza la información. Pedirle que hable más lento es pedirle que procese de una manera diferente a como funciona su sistema nervioso.

El resultado es que la persona sale de la consulta sintiéndose más incomprendida que cuando entró. Y, frecuentemente, más ansiosa. Porque ahora tiene un problema más: no sabe ni hablar bien.

El problema no es velocidad, es jerarquía mental (o la falta de ella)

Lo que realmente ocurre cuando alguien con TDAH habla «en cascada» es que está intentando exteriorizar un volumen de pensamiento que, si se queda dentro, genera parálisis. La velocidad es una estrategia de alivio, no un síntoma a corregir.

El trabajo real no es frenar esa cascada. Es acompañarla, dejarla fluir y luego (una vez que está fuera) ayudar a la persona a encontrar la jerarquía que no pudo construir mientras todo estaba en su cabeza.

Esto requiere un profesional que tolere el caos inicial sin intentar controlarlo prematuramente. Que entienda que el desorden es parte del proceso, no un obstáculo para el proceso. Y más importante, que tome notas. Es muy fácil perderse cuando alguien abre tantísimos paréntesis durante la sesión y pretende ir cerrándolos poco a poco para que, en algún momento de la sesión, haya un cierre.

De esta forma, tus notas quedarán similar a lo siguiente:

Habla de su madre, historia del peluche (hermana, pelea de pequeños (pareja actual de la hermana desagradable (misma manía que su tía (murió el año pasado, pilar emocional (ex-pareja no le dejaba mostrar sus emociones...

Podría escribir muchísimos más ejemplo como este y seguro que te viene a la cabeza más de un caso similar.

La trampa de la agenda mal implementada

«Usa una agenda. Pon recordatorios. Google Calendar.» Bien. De acuerdo. El objetivo final es efectivamente llegar a tener un sistema de organización externo que funcione. Pero la forma en que se suele presentar esto en terapia es como si la agenda fuera la solución, no el destino.

La persona con TDAH ya ha intentado usar agendas. Muchas veces. Ha empezado con entusiasmo, la ha abandonado a los tres días y se ha sentido un fracasado otra vez. El problema no era la agenda. Era que nadie le explicó que antes de la agenda viene el trabajo de externalización y priorización que hace que la agenda tenga algo útil que mostrar.

Recomendarle directamente que use un calendario a alguien que aún no sabe jerarquizar sus prioridades es como recomendarle que construya el segundo piso de una casa cuando todavía no tiene cimientos.

Cómo abordar el TDAH en adultos de forma práctica

Esto es lo que funciona. No en todos los casos de la misma manera porque el TDAH es heterogéneo pero estos principios han resultado efectivos de forma consistente en mi trabajo. Eso sí, lo abordo de una forma muy superficial porque esto en ninguna de las situaciones sustituye una consulta de un profesional. Si fuera así, todo se solucionaría leyendo libros y no es es el caso.

Dejar hablar a 200 revoluciones y luego estructurar

El primer paso no es frenar sino escuchar activamente, sin interrumpir, sin intentar poner orden mientras la persona habla. Que salga todo. Que el caos se externalice completamente.

Cuando esa cascada termina (siempre termina), ahí empieza el trabajo de estructuración. No antes. La arquitectura mental solo es posible cuando el material está fuera de la cabeza y visible. Intentar construir orden mientras el caos sigue dentro es como intentar ordenar una habitación mientras alguien sigue tirando cosas desde la puerta.

En la práctica, esto significa sesiones donde la primera parte parece «desestructurada» y la segunda parece «mágicamente organizada». No es magia. Es respetar el proceso natural de este tipo de mentes.

Externalizar antes de organizar

Papel, pizarra, notas de voz, lo que sea. El principio es siempre el mismo: sacar de la cabeza antes de intentar organizar. El cerebro TDAH no puede hacer las dos cosas al mismo tiempo sin que el resultado sea caótico.

En consulta, trabajo mucho con mapas mentales desestructurados en una primera fase y solo cuando el mapa está completo pasamos a priorizar. A veces el mapa es un garabato caótico con conexiones en todas direcciones. Eso está bien. Ese garabato es información útil. Es el inventario mental del momento.

Priorizar y aceptar los sacrificios

Esto es más difícil de lo que parece para alguien con TDAH, porque la dificultad de priorización no desaparece solo porque hayas escrito las cosas en un papel. Pero sí se hace más manejable. Y aquí viene una parte que muchos profesionales omiten: la conversación sobre los sacrificios.

Priorizar significa, necesariamente, que algunas cosas no se van a hacer. No ahora. Tal vez nunca. Eso hay que nombrarlo. Porque una de las trampas del TDAH es la ilusión de que todo se puede hacer si te organizas mejor. No es verdad. Y asumir esa verdad (que elegir implica renunciar) es una parte fundamental de aprender a funcionar con este tipo de mente.

Entender que el cerebro funciona por urgencia

Este es el insight que más cambia las cosas cuando alguien con TDAH lo integra de verdad. El cerebro TDAH no se activa por motivación abstracta, por planificación racional, ni por recordatorios amables. Se activa por urgencia.

Eso explica por qué la productividad máxima ocurre frecuentemente a las 8 de la noche con un deadline para mañana. Así el sistema nervioso hace lo que necesita para activarse: percibir una amenaza real e inmediata.

El trabajo terapéutico no es eliminar esa necesidad de urgencia (eso sería luchar contra la arquitectura del sistema nervioso). Es aprender a crear señales internas o externas de urgencia de manera más deliberada y menos destructiva. Aprender esto es el verdadero primer paso de acción real que llevaremos a cabo. Parece poco pero no lo es en absoluto y no hay que despreciarlo.

TDAH y emprendimiento: alto rendimiento con coste oculto

Uno de los perfiles más frecuentes en mi consulta y más invisibilizados en la literatura sobre TDAH, es el del empresario de alto rendimiento con rasgos TDAH no diagnosticados.

Hablo de personas que cobran bien, que tienen ideas brillantes, que son capaces de crear cosas que la mayoría de personas no podría crear. Y que al mismo tiempo se sienten un desastre por dentro. Que llegan a terapia no porque estén hundidos, sino porque hay una brecha enorme entre lo que logran y el coste que les supone lograrlo.

Creatividad extrema y dispersión

El cerebro TDAH tiene una relación particular con la novedad y la creatividad. La búsqueda constante de estimulación, la capacidad de conectar ideas aparentemente no relacionadas, la tolerancia al caos conceptual: son rasgos que en un contexto emprendedor pueden ser ventajas reales e importantes.

El problema es que esa misma mente que genera diez ideas brillantes en un día también tiene dificultad para ejecutar cualquiera de ellas de forma sostenida. El emprendedor con TDAH suele ser extraordinario en la fase de arranque (donde todo es nuevo y estimulante) y perder tracción exactamente cuando el proyecto entra en la fase de mantenimiento y rutina.

Reconocer ese patrón es el primer paso para diseñar estructuras externas que compensan la bajada natural de dopamina en fases más rutinarias.

Productividad nocturna y factura al día siguiente

El clásico. La sesión de trabajo más productiva del día ocurre entre las 8 de la noche y las 2 de la madrugada. Se resuelven problemas que llevaban días bloqueados, se escribe el doble de lo habitual, se tiene claridad mental que durante el día no aparecía.

Y al día siguiente, hay que funcionar igualmente. Reuniones, decisiones, clientes. Con cuatro horas de sueño y una deuda cognitiva acumulada.

Esto es un patrón de funcionamiento específico con un coste real y sostenido… y no es una cuestión de disciplina ni de fuerza de voluntad. Y cuando nadie lo ha nombrado como tal, la persona lo interpreta como otra prueba de que «algo va mal conmigo». Cuando en realidad lo que está pasando es que su sistema nervioso encontró la única ventana del día donde la urgencia y la tranquilidad coexistían.

Tratamiento del TDAH en adultos: qué opciones existen realmente

El tratamiento del TDAH en adultos es multimodal. Eso significa que las mejores respuestas no suelen venir de una sola intervención, sino de combinar varias según el perfil específico de la persona.

  • Evaluación diagnóstica: El punto de partida, cuando hay dudas razonables, es una evaluación clínica adecuada. Esto puede incluir entrevistas estructuradas, cuestionarios de síntomas y, en algunos casos, evaluación neuropsicológica. El diagnóstico no es el objetivo final, pero sí puede ser un alivio enorme para personas que han pasado años sintiéndose incompetentes sin entender por qué.
  • Tratamiento farmacológico: Los fármacos psicoestimulantes (principalmente metilfenidato y anfetaminas) y algunos no estimulantes son los tratamientos farmacológicos con mayor respaldo empírico para el TDAH en adultos. No funcionan igual en todos los casos y siempre deben ser prescritos y supervisados por un médico o psiquiatra. Cuando funcionan, el efecto suele describirse no como sedación, sino como «claridad»: la posibilidad de acceder a la propia mente de manera más organizada.
    Estudios recientes mostraron que el tratamiento farmacológico unido a la terapia psicológica es «el combo» que mejor funciona para el TDAH, sobre todo en adultos. En mi consulta han asistido muchas veces personas a las que le han recetado diversos fármacos los cuales han ido dejando paulatinamente conforme avanzan las sesiones. No siempre se les receta bien del todo y muchas veces se hace tras muy pocas visitas al médico/psiquiatra. Lo importante aquí es que mientras hace efecto el fármaco y conseguimos «estabilizar» las emociones, el ruido psicológico y las distracciones, seamos capaces de crear hábitos saludables que, conforme se vayan pasando los efectos de los fármacos, lo que quede sea lo suficientemente robusto para hacer frente a las dificultades.
  • Psicoterapia cognitivo-conductual adaptada: La TCC adaptada específicamente para adultos con TDAH tiene evidencia sólida. No la TCC genérica, sino la que trabaja específicamente habilidades ejecutivas, gestión del tiempo, regulación emocional y patrones de pensamiento asociados al TDAH.
  • Enfoques humanistas y de tercera generación: ACT, terapia de aceptación, trabajo con valores: estos enfoques son especialmente útiles para el componente emocional del TDAH adulto. La carga de años de crítica interna, la sensación de no llegar, el duelo por todo lo que podría haber sido diferente. Esa dimensión requiere algo más que técnicas de organización.
  • Coaching especializado en TDAH: Diferente de la terapia, el coaching se centra en el funcionamiento cotidiano, la productividad y la construcción de sistemas externos de apoyo. Para muchos adultos con TDAH, es el complemento práctico que hace que los aprendizajes terapéuticos se traduzcan en cambios reales en el día a día.
  • Psicoeducación: Entender cómo funciona el propio cerebro es, en sí mismo, terapéutico. Muchos de los adultos con los que trabajo experimentan un alivio significativo solo con comprender que sus patrones de comportamiento tienen una explicación neurológica y no son simplemente «fallos de carácter».

Entender un poco el mecanismo del TDAH te ayuda a entenderte mejor

Si llevas años sintiéndote desorganizado, inconsistente, demasiado intenso o demasiado poco funcional; si has probado agendas, recordatorios, técnicas de productividad que duran tres días y luego se abandonan; si rindiste mejor bajo presión y siempre te dijeron que eras vago; si tu terapeuta anterior te dijo que hablaras más lento… bueno, espero que te haya gustado este «pequeño» artículo.

El cerebro TDAH no está roto, funciona de una manera diferente (sí, he dicho lo que dice cualquier IA). Este tipo de cerebros necesita señales de urgencia donde otros avanzan con motivación abstracta. Necesita externalizar para ordenar, donde otros pueden ordenar en silencio. Necesita estrategias diseñadas para su arquitectura específica, no adaptaciones deficientes de estrategias pensadas para otro tipo de mente. Lo que necesita, en pocas palabras, es que alguien te diga «haz esto» durante unos momentos, tomes poco a poco inercia y termines haciéndolo por tu cuenta.

Lo que me dio perspectiva en mi propio caso y lo que veo que da perspectiva a mis consultantes, no es la lista de síntomas del DSM. Es entender el mecanismo. Por qué funciona así. Qué señales necesita. Qué entornos lo potencian y cuáles lo paralizan. Y desde ahí, construir un sistema de vida que sea honesto con ese funcionamiento en lugar de luchar contra él.

Dejar de luchar no significa rendirse. Se trata de dejar de intentar ser un tipo de mente que no eres y empezar a ser muy bueno en el tipo de mente que tienes.


Si tienes dudas sobre si lo que describes podría estar relacionado con el TDAH, o si quieres trabajar específicamente este área, puedes contactarme para una consulta inicial.


¿El TDAH en adultos es diferente al infantil?

Sí, la expresión cambia significativamente. La hiperactividad motriz visible en niños se convierte en inquietud mental en adultos. Los síntomas tienden a ser más internalizados y las estrategias compensatorias pueden ocultarlos durante décadas.

¿Se puede tener TDAH «leve»?

El concepto de «severidad» en el TDAH es relativo al contexto y al nivel de compensación. Alguien puede tener rasgos TDAH significativos pero haberlos compensado con inteligencia o estructura externa. El espectro es amplio y si eres un adulto más o menos funcional posiblemente estás utilizando múltiple estrategias en función de lo que te ha ido funcionado durante tu crecimiento.

¿Por qué procrastino tanto si soy inteligente?

Porque la inteligencia y la regulación ejecutiva son sistemas diferentes. El TDAH afecta las funciones ejecutivas, no la capacidad intelectual. Alguien puede ser muy capaz y tener mucha dificultad para iniciar o mantener tareas sin suficiente activación.

¿Por qué solo rindo bajo presión?

Porque el cerebro TDAH usa la urgencia como activador primario. La presión de un deadline crea la señal de urgencia que el sistema nervioso necesita para movilizarse. Reconocer este mecanismo es el primer paso para trabajar con él de forma más deliberada.

¿Es ansiedad o es TDAH?

Frecuentemente es las dos cosas. El TDAH no diagnosticado genera ansiedad como respuesta al funcionamiento caótico y a la crítica interna acumulada. La ansiedad a su vez empeora el funcionamiento ejecutivo. Un buen diagnóstico diferencial distingue qué es primario y qué es consecuencia.

¿Cómo organizarme si odio las agendas?

El problema rara vez es la agenda. Es la secuencia. Antes de la agenda, viene externalizar el caos mental y trabajar la priorización. Cuando eso está hecho, la agenda tiene algo útil que mostrar. Sin eso, es una herramienta vacía que abandona en tres días y te hace sentir peor.

Referencias

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Rostain, A. L., & Ramsay, J. R. (2006). A combined treatment approach for adults with ADHD: Results of an open study of 43 patients. Journal of Attention Disorders, 10(2), 150–159. https://doi.org/10.1177/1087054706288110

Xie, Q., Wei, Y., Zhao, L., Wang, Y., & Zhang, H. (2024). Efficacy of cognitive behavioral therapy combined with medication in adult attention-deficit/hyperactivity disorder: A meta-analysis of randomized controlled trials. Journal of Affective Disorders, 353, 120–130. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38084075/​

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Knouse, L. E., Teller, J., & Brooks, M. A. (2017). Meta-analysis of cognitive-behavioral treatments for adult ADHD. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 85(7), 737–750. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28504540/​

Young, S., & Kolar, D. (2008). Treatment of adults with attention-deficit/hyperactivity disorder. Neuropsychiatric Disease and Treatment, 4(1), 107–121. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2515906/​

Redactado por

-

Revisado el 23/02/2026

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