Talento neurodivergente en empresas IT: cómo identificarlo, gestionarlo y no perderlo

Persona con neurodivergencia encajando una pieza que sí encaja en el puzzle pero este está mal diseñado y quedan huecos

Hay miles de personas con TDAH, autismo u otros perfiles neurodivergentes trabajando ahora mismo en departamentos de IT. Algunas con diagnóstico, la mayoría sin él. Algunas rindiendo muy por encima de lo que sus jefes esperaban cuando las contrataron. Otras al borde del colapso, sin que nadie en la empresa haya identificado todavía por qué.

Para abordar esto desde los dos lados del problema, cuento en este artículo con Alejandro Ortiz Puigdomènech, CEO de Inclunexo y consultor de inclusión con más de quince años dentro del sector tecnológico, que ha pasado ese tiempo viendo de cerca lo que las empresas ganan cuando aciertan con este perfil y lo que pierden cuando no saben lo que tienen entre manos.

Lo que viene a continuación no es un manifiesto sobre diversidad. Es una explicación de por qué este encaje existe, cómo se rompe y qué diferencia concreta separa a una empresa que retiene talento neurodivergente de una que lo expulsa sin entender que lo está haciendo.

¿Por qué el cerebro neurodivergente encaja tan bien en IT?

La respuesta más repetida suele ser el hiperfoco. Es la más conocida porque es la más llamativa. Pero hay un mecanismo más preciso que explica el encaje, y entenderlo cambia bastante cómo se piensa en la selección y la gestión de estos perfiles.

El cerebro con TDAH adquiere conocimiento técnico especializado a una velocidad inusual cuando ese conocimiento cae dentro de su área de interés. No aprende rápido en general. Lo que sucede es que, cuando algo activa su sistema dopaminérgico, la curva de aprendizaje se acorta de forma significativa: horas que a otra persona le llevarían días, conexiones entre conceptos que aparecen solas, sin esfuerzo aparente.

El segundo factor es menos glamuroso pero más determinante en el día a día: la tolerancia al error como motor, no como obstáculo. Un perfil neurodivergente que trabaja en soporte técnico no se paraliza cuando algo falla. El error es información. Esa misma persona que en otro contexto se bloquea ante la incertidumbre, frente a una incidencia técnica activa exactamente el tipo de pensamiento para el que está mejor equipada: analítico, secuencial, orientado a encontrar el punto exacto donde se rompió algo.

Alejandro Ortiz lo describe con precisión después de quince años viendo estos perfiles en acción: en soporte y programación, son personas que tienen todo el proceso documentado y estructurado, que abordan una incidencia con un nivel de detalle que sorprende a equipos enteros. Lo que realmente ocurre es que la tarea técnica les devuelve reforzamiento inmediato en cada paso que sale bien, y ese reforzamiento es exactamente lo que el cerebro con TDAH necesita para mantenerse en marcha.

Diagrama donde se ve la confluencia de características de neurodivergentes que encajan en una empresa: Hiperfoco, tolerancia al Error y motivación por urgencia son unos pocos ejemplos.

Hay un tercer elemento que completa el cuadro: el trabajo técnico, especialmente el soporte y la resolución de incidencias, funciona por urgencias reales y concretas. Hay un problema, hay que resolverlo, cuando se resuelve hay otro. Lo que ocurre es que esa dinámica describe también cómo funciona el sistema motivacional de un cerebro con TDAH: urgencia, acción, cierre, siguiente. Ese cerebro lleva toda su vida operando de esa manera, así que el encaje no es casualidad.

Lo importante aquí, y esto conviene decirlo antes de seguir, es que no vale cualquier perfil neurodivergente para cualquier puesto técnico. La preselección importa. Un TDAH sin interés específico en tecnología no va a rendir mejor que cualquier otro candidato por el hecho de ser neurodivergente. El encaje se produce cuando coinciden el perfil cognitivo, el área de interés y el tipo de tarea. Cuando esos tres factores se alinean, el resultado es difícil de igualar.

Cómo identificar talento con TDAH en tu equipo antes de que se queme

Una parte significativa del talento neurodivergente en IT no llega etiquetado. Llega con un currículum, supera la entrevista de alguna forma, entra a trabajar y empieza a construir sistemas de compensación que le permiten funcionar dentro de una estructura que no fue diseñada para su cerebro.

Estos mecanismos de sobrecompensación son sofisticados y costosos. La persona llega antes para tener tiempo de prepararse, hace listas que repasa dos veces para no olvidar nada, trabaja más horas de las necesarias porque sabe que si no lo hace algo se le escapa. Con el tiempo, lo que para el entorno parece un empleado muy meticuloso y comprometido es en realidad alguien que está gastando el doble de energía para producir lo que a otra persona le sale automáticamente y claro, parte del autoestima de la persona se ve afectada por el impacto acumulado de años funcionando así.

Alejandro Ortiz ha visto esto repetidamente, sobre todo en personas que llevan muchos años en la misma empresa con la misma metodología. Mientras el entorno es predecible y las tareas son conocidas, el sistema funciona. Esa misma persona que nadie detectaría como neurodivergente rinde, entrega, cumple. El problema aparece cuando cambia la metodología, cuando llega una reorganización, cuando en el mismo año se acumulan varios cambios importantes. En ese momento, los mecanismos de compensación que llevaban años sosteniendo el rendimiento se desajustan. Y lo que sale por la superficie no se parece en nada a lo que hay debajo.

Hay también otro caso, más visible y más duro. Alejandro tiene ahora mismo en su Bootcamp a un joven con toda la formación necesaria para trabajar en IT, con la motivación intacta y con un perfil técnico sólido, que no ha conseguido acceder al mercado laboral por su discapacidad. No por falta de capacidad. Por falta de oportunidad. El coste de eso no aparece en ningún balance empresarial porque nunca llega a producirse, pero está ahí: talento que se queda fuera antes de tener la oportunidad de demostrar lo que puede hacer.

El patrón de burnout en TDAH que las empresas no están viendo

Conviene ser preciso aquí porque es fácil generalizar y esta es una zona donde la generalización hace daño. No hay estudios suficientes sobre lo que le ocurre específicamente a un adulto con TDAH no diagnosticado dentro del sector IT. Son dos poblaciones de nicho que se cruzan, y los datos confiables son escasos. Lo que sí existe es evidencia clínica sobre lo que le pasa a un adulto con TDAH que lleva años sin diagnóstico bajo alta exigencia, y eso es suficiente para entender el patrón.

Cuando a una persona con TDAH se le dice que tiene que dar el cien por cien, esa persona lo toma de forma literal. No como una expresión motivacional, sino como una instrucción. Esa misma persona se quedará trabajando hasta las tres de la mañana si hace falta, hasta que la tarea esté completamente terminada, porque «completamente terminada» es exactamente lo que se le pidió. Al día siguiente estará agotada, pero la tarea estará hecha.

El problema es lo que viene después. La persona neurotípica que dio su cien por cien descansó esa noche, vuelve al día siguiente con capacidad renovada y puede volver a dar otro intento similar. La persona con TDAH llegó hasta el límite físico, entregó, y ahora tiene que funcionar al día siguiente bajo la presión de que si no rinde igual, algo malo puede pasar. El estrés no baja, se acumula. Y el ciclo se repite.

Con el tiempo, ese ciclo produce lo que en consulta se ve con mucha claridad: lo que se presenta no es cansancio sino un agotamiento estructural que ha tardado meses o años en acumularse, porque esa persona fue capaz de seguir funcionando mucho más tiempo del que cualquier otro habría aguantado.

diagrama circular que muestra las fases del burnout técnico en ambiente laboral con neurodivergentes cuando no hay buena adaptación.

Lo más complicado de este proceso es cómo se interpreta desde fuera. Los jefes no ven el mecanismo. Ven a alguien que de repente «no se adapta», «está muy estresado» o «ha perdido los nervios». En algunos casos, el mismo jefe que días antes exigía que se diera todo llega a decirle a esa persona que tiene que relajarse, que no puede tomárselo todo tan a pecho. La contradicción que percibe la persona con TDAH es real porque lo es: le están diciendo dos cosas opuestas sin darse cuenta de que para ella esas dos cosas no pueden coexistir.

Lo que realmente hay detrás es un problema de instrucciones ambiguas en un cerebro que las procesa de forma literal. Si quieres que una persona neurodivergente trabaje de forma sostenible, tienes que decirle exactamente qué significa «dar el cien por cien» en esta tarea concreta, en este plazo concreto, con este horario concreto. No puedes presuponer que lo infiere, porque no lo infiere. Lo toma al pie de la letra.

Cuánto le cuesta realmente a tu empresa perder talento con TDAH

Las empresas calculan con bastante precisión el coste de contratar. El proceso de selección, el onboarding, los primeros meses de adaptación. Lo que rara vez calculan es el coste de perder a alguien que lleva cinco años en la empresa y que en ese tiempo ha acumulado un conocimiento sobre los sistemas internos, los procesos y las particularidades del negocio que no existe documentado en ningún sitio.

Alejandro Ortiz tiene los números. Una persona con cinco años de antigüedad y treinta mil euros anuales de salario supone una indemnización aproximada de veinte mil euros en el momento de la salida. Eso es lo visible. Lo que no aparece en la cifra es el tiempo que tarda el siguiente en llegar al mismo nivel de conocimiento operativo, el coste de los errores que comete mientras tanto, la carga que absorben los compañeros durante ese periodo de transición.

El perfil neurodivergente bien ubicado no es solo alguien que rinde. Es alguien que va acumulando conocimiento a una velocidad que no se repone fácilmente. Como describe Alejandro, son como esponjas: a medida que van aprendiendo, el rendimiento no se estabiliza sino que sigue creciendo. Perder a esa persona significa perder años de inversión silenciosa que la empresa no supo ver hasta que dejó de estar.

Evolución en empresa
Pérdida progresiva de talento no identificado
Entrada en la empresa
Incorporación con competencias técnicas adecuadas.
Alto rendimiento inicial
Aprendizaje rápido en áreas de interés.
Sistemas de compensación
Uso de estrategias intensivas para sostener el rendimiento.
Estabilidad aparente
Funcionamiento adecuado en entornos predecibles.
Cambio en el entorno
Modificaciones en tareas, equipo o metodología.
Desajuste de compensaciones
Las estrategias previas dejan de ser eficaces.
Síntomas visibles
Aumento de estrés, errores o dificultades de adaptación.
Interpretación errónea
Se atribuye el problema a la persona, no al contexto.
Salida o deterioro
Pérdida de talento no identificado.
Secuencia de etapas que describe la evolución de una persona neurodivergente no identificada dentro de una empresa, desde su incorporación hasta la posible salida, incluyendo fases de alto rendimiento, compensación, desajuste y deterioro.

Ajustes pequeños que reducen errores y estrés en equipos IT

Una de las creencias más paralizantes en este tema es que adaptar el entorno para perfiles neurodivergentes requiere un programa especial, una política de inclusión elaborada o una inversión significativa. La realidad que Alejandro Ortiz ha documentado en su Bootcamp es bastante más concreta y bastante menos costosa.

En la primera edición presencial, los alumnos estaban sentados en filas apretadas, como en cualquier aula estándar. Ese mismo día quedó claro que la proximidad física entre personas con perfiles de alta sensibilidad genera un nivel de activación que interfiere directamente con la capacidad de atención. Separar los puestos no cuesta nada. Cambia todo.

La iluminación fluorescente es otro factor que rara vez se considera y que tiene un impacto desproporcionado. Lo que ocurre es que ciertos tipos de luz producen un nivel de estimulación sensorial que eleva el estrés de base en perfiles con alta sensibilidad, haciendo que la persona llegue a la tarea ya con una carga que no debería estar ahí. Lo mismo con el proyector: si ilumina el espacio en lugar de solo la pantalla, añade un elemento de distracción constante que para un perfil neurodivergente no es menor.

Estas son adaptaciones físicas. Pero hay una adaptación de comunicación que quizás importa más: la instrucción tiene que ser literal, explícita, sin sobreentendidos. Cuando le dices a una persona neurodivergente que tiene que terminar una tarea, tienes que especificar qué significa «terminar» en este contexto, qué nivel de detalle, qué plazo, qué pasa si hay algo que no puede resolver solo. Presuponer que lo sabe porque es obvio es exactamente donde se genera el tipo de ciclo que describía la sección anterior.

Cambios mínimos que pueden ayudar en un ambiente con neurodivergentes. Controlar las luces de proyectores, evitar ambientales fluorescentes, que se den instrucciones menos ambiguas o crear cierta separación entre los individuos

Ninguna de estas adaptaciones requiere un departamento de diversidad ni un presupuesto especial. Requieren atención y la disposición a comunicarse de forma más precisa de lo que estamos acostumbrados.

Cómo saber si tu empresa realmente entiende la neurodivergencia

Alejandro Ortiz tiene un método de diagnóstico rápido que ha afinado con los años. Cuando empieza una conversación con una empresa sobre inclusión de talento neurodivergente, escucha cómo empieza esa empresa a hablar del tema. Si en los primeros minutos aparecen los porcentajes de discapacidad en plantilla, los beneficios fiscales o los indicadores de RSC, ya sabe lo que hay. Lo que pasa es que cuando esos factores son lo primero, suelen ser también lo único.

La inclusión que funciona va de arriba abajo en la organización, del CEO al último nivel de la estructura. Si el compromiso existe solo en el departamento de recursos humanos o en una política de papel que nadie ha leído, el proceso no tiene sentido porque la persona que se incorpora va a chocar con una cultura que no está preparada para recibirla. Y ese choque va a interpretarse como un problema de la persona, no de la cultura.

Hay también una creencia del sector empresarial que conviene nombrar porque hace un daño silencioso. El hecho de que TDAH y TEA se sigan llamando «trastornos» activa de forma automática lo que en psicología se conoce como efecto halo: la etiqueta convoca un conjunto de presuposiciones negativas antes de que la persona haya dicho una sola palabra. No es justo ni racional, pero es lo que ocurre. Por eso, tanto desde la perspectiva de Alejandro como desde la clínica, el objetivo no es defender la etiqueta sino demostrar lo que hay detrás de ella. Lo que realmente hay es una forma diferente de funcionar que, en el contexto adecuado, produce resultados que otros perfiles no consiguen.

Por qué el TDAH aparece en muchos perfiles de alto rendimiento

Es algo que llevo tiempo observando en consulta: no conozco a ningún emprendedor ni empresario con trayectoria real que no sea neurodivergente de algún tipo. Por supuesto en esta parte estoy bajo el sesgo de confirmación porque, por mi profesión, tiendo a ver personas neurodivergentes con frecuencia y no puedo evitar ver cierto patrón. La tolerancia a la incertidumbre, la capacidad de mantener varios frentes abiertos, el pensamiento que salta entre problemas sin perder el hilo de ninguno, la energía para sostener proyectos que otros abandonarían… Lo que hay detrás de eso no es un tópico motivacional: es lo que se ve cuando ese perfil está en el entorno que le permite funcionar como lo que es.

Si llevas tiempo en el sector y nunca has tenido un perfil neurodivergente en tu equipo, es bastante probable que sí lo hayas tenido pero no hubo el contexto para identificarlo.

DISCLAIMER: Este artículo describe patrones generales observados en consulta y en el trabajo de campo de Gerardo Bagatolli y Alejandro Ortiz. No sustituye una evaluación clínica individual ni un proceso de selección profesional. Si sospechas que tú o alguien de tu equipo puede tener un perfil neurodivergente, lo adecuado es buscar una valoración especializada.

Referencias

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Barkley, R. A. (2015). Attention-deficit hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment (4th ed.). Guilford Press.

Biederman, J., Petty, C. R., Evans, M., Small, J., & Faraone, S. V. (2010). How persistent is ADHD? A controlled 10-year follow-up study of boys with ADHD. Psychiatry Research, 177(3), 299–304.

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LISA News. (2025). Neurodivergencia en ciberseguridad y análisis de inteligencia: una ventaja estratégica. Recuperado de https://www.lisanews.org/mes-ciberseguridad/neurodivergencia-en-ciberseguridad-y-analisis-de-inteligencia/

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World Economic Forum. (2024). Cómo la neurodiversidad en el lugar de trabajo puede impulsar el éxito empresarial. Recuperado de https://es.weforum.org/stories/2024/10/como-la-neurodiversidad-en-el-lugar-de-trabajo-puede-impulsar-el-exito-empresarial/

Specialisterne Spain. (2025). Por qué las empresas más innovadoras invierten en neurodiversidad. Recuperado de https://specialisternespain.com/por-que-las-empresas-mas-innovadoras-invierten-en-neurodiversidad/

Neurodivergentes.com. (2025). Neurodiversidad y ciberseguridad: una alianza estratégica. Recuperado de https://neurodivergentes.com/neurodiversidad-y-ciberseguridad-un-enfoque-innovador-para-combatir-el-cibercrimen/

Sobre el autor

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Gerardo Bagatolli

Psicólogo y Sexólogo Clínico. (Colegiado AO-13237) Especialista en TDAH y divulgador Online. Está centrado en ayudar a las personas a comprender su situación personal y encontrar la mejor solución basada en la evidencia.

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